Happy Tai Day!

Posted on diciembre 22, 2011


 

Hay cosas que solo pueden aprehenderse en el contacto: absorviendo por los poros, temblando en los roces. Va a resultar dificil transmitir todo lo que nos esta regalando la vida estos ultimos dias en Sangklaburi.

Hoy nos hemos cambiado de hotel al sereno y delicado “haiku guesthouse”: nuestra puerta de entrada al mundo tai. Su duenno fue quien nos guio desde el primer dia que nos detuvimos en su amable cafe. Y, de algun modo, como un angel que supiera mirarnos, los dias nos han ido demostrando que nuestro encuentro fue, una vez mas, parte de los hallazgos del camino. Sobre un mapa -disennado por el con la misma poesia con la que parece que hace todo lo que le rodea- nos marco algunos lugares que nos recomendaba. Entre ellos estaba el restaurante/casa de te de Tom, nombre de una tailandesa cuyo corazon nos ha atrapado con la miel de sus palabras. Pero todo llegara… respetemos la cronologia de los dias.

 

Antes de ayer, despues de hacer la cronica, nos fuimos al hotel con la intencion de descansar. Cenamos ligero y nos quedamos apoyados en dos cervezas mientras cada uno escribia en su cuaderno de viajes. Los turistas se retiraban a sus habitaciones y el hotel apagaba las luces cuando, en medio de aquel silencio, una musica nos llegaba desde el fondo del lago: una pequenna llama de luz nos hacia guinnos en la oscuridad del embarcadero y antes de darnos cuenta estabamos bajando hacia la orilla. Coincidimos con dos de nuestros nuevos tiernos amigos: dos jovenes de 23 y 28 annos, birmano uno y Mon el otro. Ambos trabajan en el hotel, siete dias a la semana, de 6 a 22 y alli estaban ellos, escondidos a la orilla del lago, flotando sobre el embarcadero, cenando y bebiendo con un pequenno casett en el que ponian musica birmana. Nos sentamos con ellos, timidos los cuatro, incapaces de comunicarnos mucho con la lengua de los extranjeros pero usando las manos, los ojos y los labios.

Y para cuando quisimos darnos cuenta los cuatro estabamos bailando descalzos encima del embarcadero, bajo un cielo negro agujereado de estrellas, intercambiando cacahuetes por golosinas, miradas por sonrisas: a falta de palabras usamos lo unico que teniamos. No voy a olvidar la sensacion de tumbarme sobre aquella balsa flotante, mecido por los modernos ritmos birmanos, mientras Mai y el birmano botaban con sus pies descalzos y todo era cielo y luces infinitas y la mano hundida en el agua templada y quieta. Nos despedimos a la una de la mannana a base de abrazos que hemos ido repitiendo estos dias cada vez que nos encontrabamos con ellos, en el hall del hotel, en la calle… Cada vez que nos ve, nuestro amigo Mon (es el nombre de su etnia) se abalanza sobre nosotros y nos abraza: a falta de palabras, nos da lo unico que tiene. Y no hace falta nada mas.

Fue al dia siguiente cuando nos acercamos a las insulsas tres Pagodas Blancas en la frontera con Myanmar. Las pagodas no aportan nada y el lugar solo es un mercado de recuerdos sin mucho valor en la frontera. Nos acercamos a la oficina de inmigracion pero, amablemente, nos dijeron que la frontera estaba cerrada para los extranjeros. Asi que nos quedamos un poco anodadados por la estupidez de las pagodas y del sitio, sin saber muy bien que hacer, deambulando sin mucho sentido entre los puestecillos, cuando una pequenna grieta se abrio para nosotros. Por alli cruzamos y, aunque tuvimos la sensacion de que estabamos colandonos de ilegales, optamos por la estrategia del tonto del bote: mirar a todas partes como despistado y caminar sin detenerse. Asi fuimos avanzando hasta que un presumiblemente oficial birmano, muy amable, coincidia con nosotros y con una cara aun mas sorprendida que la nuestra nos preguntaba a donde ibamos: a ninguna parte- respondimos -solo andamos. Y sonrio amable y nos invito a darnos la vuelta porque, efectivamente, estabamos en el lado birmano. Asi que podemos decirlo: durante cinco minutos pisamos tierra birmana y ademas de ilegales. Pero cruzamos y confirmamos algo que a mi personalmente me fascina y me obsesiona: existen las grietas y es posible cruzar atraves de ellas.

Y una grieta nos llevo, ayer por la noche, a otro lugar magico. Mai y yo habiamos adquirido el compromiso de cenar pronto y retirarnos cuanto antes para hoy intentar madrugar bastante y ver el amanecer desde el puente de madera de Sangklaburi. Asi que rechazando la invitacion de nuestros dos jovenes amigos de volver a repetir nuestro encuentro magico, decidimos ir a cenar a “Chuenjai house”. Eso fue lo que nos sugirio nuestro angel asiatico: ir a cenar aqui. Ya a la llegada, el lugar nos maravillo, una casa preciosa, con una ventana-poema abierta al mundo (no hay otro modo de describir esa ventana). Una cena sencilla, casera, delicada como esta resultando casi todo en este pueblo. Y estabamos en la cerveza de todas las noches cuando dos tailandesas sentadas a nuestro lado intercambiaron algunas palabras con nosotros. No se en que momento ocurrio, ni de que manera, pero de repente estabamos los cuatro sentados en el suelo, en frente de aquella ventana que Tom (una de nuestras dos nuevas amigas y duenna del restaurante) se habia empennado en abrir. A partir de ese momento la noche se alargo hasta el infinito. Alli descubrimos que Sangklaburi es el lugar donde los corazones rotos vienen a encontrarse y a curarse. Hablamos de nuestras vidas personales, de las historias de dolor de cada uno, hubo llantos de desahogo, abrazos reconfortantes, carcajadas sonoras y caricias sonrientes, miradas, gestos… formas, que decia Enzzo.

Hablamos de la vida, de la belleza, del ser humano, del esfuerzo por ser mejores, de Herman Hesse y de James Joyce, de filosofia, de poesia… (SI! descubrimos que si hay poetas en tailandia… tres annos despues, aita, tendras tu libro de poemas tailandeses, regalado por ellas para ti, algunos hasta te los traduciran al ingles…)… Hablamos de tantas cosas, con tal intensidad y con los corazones tan generosos… que nos resultaba dificil creer que un encuentro pudiera resultar tan sincero, tan regalado como el que nos dimos aquella noche los unos a las otras. Y, claro, estos dias seguiremos viendoles. Hoy volveremos a la casa de te de Tom (asi conocida porque cuando la abrio no sabia preparar cafe, asi que se especializo en miles de tes, tantos que cada vez que alguien llegaba al pueblo y estaba malo y no tenia en quien apoyarse, siempre le enviaban a curarse a la casa de te de Tom; alli, ella, acogia -sin duda aun acoge- a quien necesitaba del cuidado, durante los dias que haga falta) a re-encontrarnos y coger los libros de poemas. Y mannana coincidiremos tambien en el festival de arte BORDER LAND que va a celebrarse en la ciudad.

Porque Sangklaburi ha resultado ser un lugar donde los hombres y mujeres a los que la vida ha herido en algun momento confluyen. Y han escogido que el arte y la belleza puesta en todas las cosas sea el hilo con el que coser las grietas y, de paso, la venda con la que ayudar a otros a calmar sus dolores. Este lugar, sin duda, tiene toda la magia del mundo. Mai suele decirlo bastantes veces al cabo del dia: este sitio tiene algo. Y tiene razon: tiene bellas personas, gente que quiere vivir.

Un beso enorme a todos y atodas. Desde este lugar los besos son mas dulces.

Disfrutadlos.

Piter.

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